Opinión: La ‘Tercera Roma.-

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9d8b4b0f-7ab2-4b54-8d10-24872bf8f203Por Margarita Cedeño de  Fernández.-
DIARIO VISION.-Al caer el Impero Romano de Oriente, se gestó un sentimiento tendente a considerar a Moscú como la ‘Tercera Roma’, sucesora de la Roma italiana (la primera) y de Constantinopla (la segunda). Era la profecía de Filoféi de Pskov, autor de la ‘Leyenda de la Capucha Blanca’, que sostiene la primacía de Moscú por ser esta la sede de la iglesia cristiana ortodoxa.

Moscú, emplazada entre siete colinas al igual que Roma, otrora sede del gran impero de los Zares, fuente de las riquezas que llevaron a Pedro el Grande a fundar Petrogrado –hoy San Petersburgo, se ha debatido entre su decidida influencia en el Oriente próximo y el lejano, y su papel en la construcción de un consenso entre Oriente y Occidente.

No en vano se preguntaba Carlos Fuentes, el novelista mexicano ido hace unos años: “¿Dónde termina Europa y empieza Rusia?, ¿es Rusia parte de Europa o aparte de Europa?”.

Pero lo mismo nos podemos preguntar sobre el rol de Estados Unidos y sus aliados occidentales  y las acciones que han emprendido en pos de la consecución de la paz mundial.

La lucha por el establecimiento de la capital de un Impero global no es ajena a Occidente, donde se apuesta por la imposición de un capitalismo salvaje que mantiene en “las periferias” a miles de millones de personas en el mismo territorio que llaman hogar.

El encuentro real entre ambas dimensiones del globo terráqueo debe darse en el marco de una alianza por el bienestar global, un acuerdo que ponga fin al drama humano de quienes se ven desplazados por el flagelo de aquello que en 1945 juramos nunca más permitir: la guerra.

Este anhelo no resulta banal en el contexto actual, donde el mundo convulsiona por los sucesos de Siria, la crisis de los refugiados y las consecuencias de tantos años de represión en los pueblos del Oriente próximo, alimentados por la indiferencia de Occidente.

Lo que se debate en suelo sirio es la lucha ideológica entre Oriente y Occidente, tal y como ha sucedido otras veces en la historia. El mundo demanda de sus líderes globales un papel más certero ante esta grave crisis.

Sin embargo, hoy se trata de Siria, mañana quizás sea en otros países. Lo cierto es que atrás deben quedar las luchas ideológicas y por la superioridad, para dar paso a campos de paz sembrados sobre el diálogo democrático y el respeto a los derechos fundamentales.

Estados Unidos y Rusia, con sus respectivos aliados, tienen la facultad y el derecho de aplicar su peso geopolítico para proteger sus intereses, pero siempre en respeto al ‘pacto de paz’ que los países que conformamos la comunidad internacional hemos exigido.

Se requiere del liderazgo mundial para que estos países de gran influencia jueguen un papel constructivo, asociado al orden mundial, donde las transiciones hacia la democracia alejen a los pueblos del “autoritarismo mesiánico y nacionalista”, que tanto nos lleva a la escalada en la violencia a nivel mundial.

Esta “especie de Tercera Guerra Mundial combatida por partes” de la que advierte el Papa Francisco conmina, a quienes creemos en la paz, a propiciar el diálogo constructivo, el acuerdo de voluntades y el reencuentro de las personas. Hagamos nuestro el llamado del Santo Padre de “servir a las personas” y no a “las ideas”.

La ‘Tercera Roma’, la sede de la gran civilización del siglo XXI, debe residir en la ciudad de la voluntad, expresada en el desarrollo individual, en la consecución del bienestar colectivo, en el triunfo de la paz sobre la guerra, del humanismo sobre el individualismo, del desarrollo integral sobre la desigualdad social.

Pidamos de nuestros líderes un gran acuerdo de paz en esta próximo Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas y que el logro de la Paz sea el primer objetivo global de todos los líderes del planeta.

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