Opinión.- Desafíos latinoamericanos.-

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MaragaritaPor Margarita Cedeño de  Fernández.-
Para Diario Visión.-

El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional proyectan un crecimiento económico menguante para América Latina por quinto año consecutivo. Alicia Bárcenas, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, advirtió recientemente que la región “no hizo los deberes” en la época de prosperidad económica (2003-2008), que lamentablemente para la República Dominicana fue una época de recuperación y salida del mayor descalabro macroeconómico de su historia.

América Latina tampoco ha logrado ser “autónoma” respecto a la salud de otras economías. El pasado mes de abril, la misma CEPAL revisó las cifras proyectadas de crecimiento económico para la región, afirmando que habrá un aumento de un 1% del PIB en la región, con respecto al año anterior.

Pero esto no es todo. El País, de España, publicó una serie de artículos patrocinados por el Banco Mundial, bajo el título “América Latina: los desafíos”, donde se abordan las dificultades que la región tiene que superar hacia su desarrollo; dificultades que no nos sorprende sean comunes a todos los países que conformamos el subcontinente.

La necesidad de aumentar la producción de energía eléctrica, con un enfoque de protección al medio ambiente; la necesidad de la región a avanzar en el desarrollo tecnológico y en la inversión en investigación, desarrollo e innovación; el cierre de las brechas de educación, el aumento de los índices de bancarización, y el fortalecimiento del marco institucional, son acciones que forman parte de estos desafíos de la región y que ya resultan impostergables.

En cuanto a la agenda económica, instituciones multilaterales como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, han llamado la atención sobre la necesidad de que la región transite hacia matrices de productividad económica más competitivas, propiciando una reducción de la informalidad laboral y aumentando la inversión en infraestructuras.

Un aspecto que pesa sobre nuestro desarrollo económico es la falta de soluciones a la cuestión eléctrica. América Latina pierde el 17% de la energía que genera, de acuerdo a una investigación realizada por Raúl Jiménez y Tomás Serebrisky de BID, lo que significa un desperdicio de entre 10 mil y 16 mil millones de euros cada año.

De otro lado, los índices de seguridad ciudadana pesan sobre muchos países de la región, especialmente México, Honduras, Guatemala y El Salvador. Según un informe de la ONU, cada año mueren 100 mil personas de manera violenta en la región; donde algunos países tienen tasas de asesinatos tan altas que podrían catalogarse de epidemias, de acuerdo a los parámetros de la Organización Mundial de la Salud.

También persisten retos para muchos de nuestros países en cuanto a la erradicación del hambre y la desnutrición, la reducción de la pobreza extrema, la lucha contra la discriminación hacia la mujer, la promoción de una cultura de la inclusión social, el aumento de la inversión en la protección social y el fortalecimiento de las políticas públicas que fomenten equidad entre los ciudadanos y ciudadanas. Y aquí vale decir que con PROSOLI hemos logrado avances significativos, reconocidos por los organismos internacionales.

En cuanto a este último punto, como ha escrito nuestra amiga Rebeca Grynspan, tenemos que estar conscientes de que “consolidar el desarrollo requerirá abordar las carencias existentes a través de una nueva generación de políticas públicas”, para abordar el “estancamiento” del descenso de la desigualdad social.

Para que la región pueda fortalecer sus conquistas y avanzar en la agenda de desarrollo sostenible, se requiere, por un lado, la solución de los problemas estructurales que impiden a la región un desarrollo con equidad y cohesión social.

Tal y como agrega Grynspan: “el desafío fundamental consiste en mejorar las oportunidades de trabajo y hacer una verdadera revolución de la productividad, diversificando la matriz productiva, impulsando el emprendimiento y la innovación, mejorando la calidad de la educación y haciendo coherente la oferta de capital humano con las oportunidades de empleo.”

Este enfoque, aunado al desarrollo de políticas sociales coherentes, articuladas y complementarias, bajo la lupa de un Índice de Pobreza Multidimensional, que fomente la inclusión y la equidad, es la receta perfecta para enfrentar los desafíos de nuestra América, que se resisten a esperar más.

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