Opinión: María Marte y el líder que no tenía cargo.-

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10348599_10152237168357742_2445638072594386659_nPor Margarita Cedeño de Fernández.-

Todos los que hemos leído a Robin Sharma apreciamos el impacto de sus lecciones sobre liderazgo, especialmente de sus postulados sobre el liderazgo sin cargo, que recuerdo trajo al país en el 2009 con su conferencia “Liderar sin Título”, que rompe con el mito de que es necesario un título o un cargo para ser líder.

Sharma afirma que “para liderar ya no hace falta una autoridad oficial, solo el deseo de implicarse y el compromiso de dejar una huella positiva”.

Es parte de la transformación del concepto de poder que estamos viviendo en la sociedad actual, donde los verdaderos líderes y detentadores del poder ejercen su autoridad desde el ejercicio de valores y la promoción de un ejemplo de vida. Hoy en día, cada quién tiene la oportunidad de ejercer liderazgo, de transformar vidas e impactar positivamente.

Recientemente, conocí la historia de María Marte, emigrante dominicana que llegó a Madrid hace 13 años en la búsqueda de mejores oportunidades para ella y para sus hijos, pero que lo único que encontró fue un trabajo de labores menores en un restaurante del centro de la ciudad, que en ese entonces no era reconocido ni admirado por la escena gastronómica local.

El trabajo de todo un equipo transformó al Club Allard en uno de los restaurantes más reconocidos de España, y hoy es considerado uno de los “templos gastronómicos más importante de Madrid”. A la par con el ascenso del restaurante, también se construyó la historia de película de María Marte, ejemplo del liderazgo sin cargo y del ejercicio moral del poder.

María Marte inició fregando platos en el restaurante y trabajó doble turno para aprender a cocinar como los grandes chefs de la escena local. No tenía conocimientos formales de artes culinarias ni certificaciones técnicas de sus capacidades. Solo tenía su talento, los conocimientos de pastelería aprendidos de su madre y la experiencia del local de comida que su familia administraba. Más que nada, María albergaba en sí un enorme deseo de ser mejor, de superarse y ayudar a los demás.

Trabajando de 9 de la mañana a 1 de la madrugada, durmiendo en las escaleras, dedicada en cuerpo y alma a demostrar su capacidad, con la responsabilidad de mantener una familia y de enfrentar las barreras normales que se presenta a un inmigrante – y más a una mujer – en cualquier parte del mundo; María es ejemplo, inspiración, energía e influencia para sus compañeros de trabajo, características que forjó pelando papas y atendiendo calderos.

El camino que emprendió María parecía imposible, quizás muchos se habrán reído de ella cuando en el 2007 le planteó al chef Diego Guerrero, «su jefe» que le otorgara la oportunidad de ser cocinera. ¡Una simple alistada, sin ningún tipo de estudios, sin experiencia! ¿Quién podía creer en ella? Ella creía en ella misma. Era suficiente. Pero como dice Sharma: “si la gente no se ríe de tus sueños, tus sueños no son lo suficientemente grandes”.

No necesitó el cargo para forjar su liderazgo. Su vida constituye un gran ejemplo de la importancia de forjar las características de un líder, sin la investidura que otorga un puesto.

María está constantemente en la cocina del Club Allard, concibiendo los platos que reflejan su sueño de mujer empoderada, demostrando que el derecho a orientar a los demás en su cocina es fruto del trabajo constante, certero y de calidad.

Cada vez que dispone de tiempo para vacacionar, vuelve a sus raíces, en República Dominicana, a buscar inspiración para nuevos platos, recargar energía y devolver a su país un poco del talento que le otorgó. Todavía se percibe en ella el cántico cibaeño al conversar. Incluso, su postre más famoso, la “flor de hibiscus”, está hecho con una flor de cayena.

Su increíble historia de superación, digna del celuloide, sirve de inspiración a tantos dominicanos y dominicanas que dejan su hogar buscando nuevos horizontes, enfrentando obstáculos que muchas veces rompen con nuestro espíritu.

Pero más que nada, sus acciones son propias de quien ejerce el liderazgo moral, el que se guía por la brújula de los principios, por una conciencia correcta y una actuación acorde con el respeto a los demás y las enseñanzas cristianas de superarse a sí mismo sin dañar a los demás.

María ha demostrado ser una líder sin cargo, porque “ha sido persistente hasta el absurdo y valiente hasta el límite” y porque ha sabido “equilibrar a la perfección la compasión con el valor”, forjando sus sueños con cada paso que da y siempre movida por su amor a los demás.

Como ella misma ha dicho: “Yo llegué a Madrid siendo una luchadora. Aquí me convertí en soñadora”.  Y hoy María Marte es una mujer de éxito, una dominicana que nos llena de orgullo y un ejemplo para todos y todas.

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